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140 x 105 cm
Mixed Media
En Virgen de los Cielos, la Santísima Virgen María se revela como Reina y Madre, presencia viva de amor, humildad y gracia. Es en la inclinación de su rostro y en la suavidad de su gesto donde se manifiesta esa humildad perfecta, una grandeza que se expresa en silencio y en recogimiento. Su expresión serena irradia una paz que nace de su profunda comunión con Dios. Sus manos, reposando junto al corazón, expresan un amor infinito ofrecido a la humanidad. En ese gesto íntimo habita una ternura que acoge, consuela y acompaña. Desde ese amor, María intercede y eleva cada súplica, acercando el corazón humano a la presencia divina con una dulzura que transforma y sostiene. La corona que porta, adornada con estrellas, proclama su realeza celestial, mientras el firmamento que la envuelve y se despliega en su manto sugiere que los cielos habitan en ella. El universo exterior y el interior se encuentran en una armonía profunda, como si toda la creación encontrara en ella su orden y su reposo. El azul profundo de su manto evoca la infinitud y el misterio de lo eterno; el rojo de su túnica, el amor que participa del sacrificio y de la vida. Cada elemento converge en una presencia que guía con suavidad, que escucha en lo profundo y que eleva el alma hacia lo alto. Virgen de los Cielos es una invitación a la contemplación y a la confianza. En su mirada y en su gesto se revela una certeza luminosa: el amor de Dios, a través de ella, se hace cercano, acompaña y conduce el alma hacia la plenitud de lo eterno.
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